recap

El rol de la suerte en los accidentes laborales

ACCIDENTES LABORABLES

El ser humano siempre tiene la tendencia de culpar los accidentes laborales a la mala suerte

La naturaleza humana, en buena parte, tiene tendencia natural a descargarse de responsabilidades y a no sentirse culpable o responsable de nada, salvo en casos patológicos. Por este motivo, la excusa más adecuada ante los accidentes laborales es la “maldita mala suerte”.

¡Tantas cosas se han atribuido a la mala suerte! En particular, como causa de accidentes, olvidos o inclusive grandes pérdidas. La lista sería interminable.

Esta situación tiene un doble efecto perverso. El primero es que no se analiza en profundidad el accidente o incidente al buscar una razón que no perjudica a nadie; y el segundo, que el verdadero responsable, que probablemente tenga las claves para que esta situación no se repita jamás, nunca se conocerá y el accidente podría repetirse en otra ocasión.

“Un accidente no es nunca causa de la fatalidad”, o, dicho de otro modo, que un accidente nunca es atribuible a la mala suerte. Para no pecar de radical, con la palabra “nunca” me refiero a los accidentes más “habituales” en los centros de trabajo y, especialmente, a los de origen actitudinal: golpes, caídas, torceduras, atrapamientos, cortes o quemaduras, podrían ser ejemplos válidos de que no fue solamente la “mala suerte” la culpable, sino que efectivamente operó en la situación una mala praxis o una falta de previsión.

Actualmente, continúan existiendo análisis demasiado banales de los accidentes. En los tres ejemplos anteriores el accidente se podría haber evitado con una buena conciencia preventiva: limpiando cualquier derrame en el suelo en el momento que se produce, teniendo instalaciones de almacenaje seguras y buenos métodos de manejo de mercaderías o llevando los EPIs (equipos de protección individual) adecuados. El análisis o investigación del accidente es muy importante. Yo recomiendo un método muy antiguo pero fácil y eficaz que permite la participación de todo el mundo ya que su formación es sencilla y breve.

Es el método del Árbol de Causas. La formación es tan importante como la comunicación en prevención. Este método, por su sencillez, permite que toda una plantilla se sienta al mismo nivel de formación y con la misma capacidad de participación en cualquier análisis de accidente. No hay diferencias entre obreros y cuadros de mando, aspecto que en temas de seguridad es un factor clave: conseguir la participación de todos. Para mí, el elemento fundamental es que, con el árbol de causas, sólo se analizan hechos. Las suposiciones y teorías, el “a mi parece que…” o “podría ser que…” no son aceptados por el método, lo cual ofrece la ventaja que se pueden tomar decisiones materiales que eviten la repetición del accidente analizado.

Es importante identificar todos los hechos secuenciales o paralelos. Cuando se termina el árbol, es fácil observar que si una sola de las muchas circunstancias que se sucedieron para llegar hasta el accidente no hubiera ocurrido, el accidente tampoco habría llegado a producirse. Es una palanca de progreso muy potente de cara a la mejora continua. Si se van eliminando posibilidades, se irá reduciendo con ellas el número de accidentes de forma natural.

Retomando el tema de “la mala suerte”, acostumbro en mis conferencias a hablar del típico accidente del corte con un cúter en la mano. Cortarse ligeramente en un dedo o cortarse una vena y tener una hemorragia, ¿es una cuestión de suerte? ¡No! ¡Rotundamente no!

El problema es que usted estaba usando una de las herramientas más peligrosas y más banalizadas de un centro de trabajo, dirigiéndola hacia su mano, sin guante de protección, y no en sentido contrario al de su cuerpo. Es un problema de mala praxis: usted está originando una situación de riesgo. Esto es lo que hay que considerar, no si luego la “suerte” origina una lesión leve o grave.

Uno de los caballos de batalla más complejos en la creación de una cultura preventiva es crear la conciencia de que no hay accidentes leves. Quiero decir, que no hay que banalizar nunca los accidentes leves. Hay accidentes y punto.

Retomando el tema de “la mala suerte”, acostumbro en mis conferencias a hablar del típico accidente del corte con un cúter en la mano. Cortarse ligeramente en un dedo o cortarse una vena y tener una hemorragia, ¿es una cuestión de suerte? ¡No! ¡Rotundamente no!

El problema es que usted estaba usando una de las herramientas más peligrosas y más banalizadas de un centro de trabajo, dirigiéndola hacia su mano, sin guante de protección, y no en sentido contrario al de su cuerpo. Es un problema de mala praxis: usted está originando una situación de riesgo. Esto es lo que hay que considerar, no si luego la “suerte” origina una lesión leve o grave.

Uno de los caballos de batalla más complejos en la creación de una cultura preventiva es crear la conciencia de que no hay accidentes leves. Quiero decir, que no hay que banalizar nunca los accidentes leves. Hay accidentes y punto.